Un señor un poco gordo, no muy joven siempre vestido de negro y con un
paragua en la mano, vendía mercancía variada, mama decía que ere turco
nunca lo llamaba por su nombre se refería a el como el marchante.
Mama era aficionada a usar términos en francés, mis hermanos me dijeron
que esa palabra significaba mercader. Varios marchantes tenia mama
recuerdo, en especial tres que eran sus
paisanos, todos isleños habían llegado a Venezuela desde las Islas
Canarias, unos vendían carbón otros leche o frutas.
Mi abuela
materna nos hablaba de las Islas, mis hermanos y yo conocíamos por su
referencia el volcán llamado El Teide que queda en Tenerife. Mí abuela
había nacido en otra de las islas: Fuerteventura ella llego al puerto de
La Guaira junto con su padre y sus hermanas: Petra y Titi eran todas
muy jóvenes, recordaban mucho a su tierra nos enseñaron a tenerle cariño
al mar y a comer pescado, plátano y gofio canario
En la cocina de
las dos primeras casas que aun recuerdo había un fogón con varios
hornillas, allí se colocaba el carbón en trozos pequeños, encima de una
de las hornillas colgaba un cilindro de metal bastante grande
conectado con el baño por su correspondiente tubería, los carbones de
esa hornilla los prendían muy temprano en la mañana para calentar el
agua que llegaba al cilindro
Varias veces a la semana el
marchante de mama, tiznado de la cabeza a los pies gritaba su mercancía y
la ofrecía en pequeñas bolsas de papel amontonadas en el fondo de una
carreta tirada por un burro
Un día papa se presento con una caja
bastante grande y saco de ella una cocina con dos hornillas y un
recipiente de vidrio que contenía kerosén, con mucha alegría dijo: no
mas carbón Después papa compro otras cocinas con mas hornillas y hasta
con horno, con la llegada de la cocina a kerosén, desapareció el
marchante de mama y se inicio la modernidad.
Otro de los
marchantes paisano de mama llevaba la leche en cantaros a la puerta de
la casa, utilizaba, también, como transporte una carreta tirada por un
burro. Mi abuela recogía la leche en una olla y la hervía varias veces
antes de nosotros tomarla
Al cabo de un tiempo el lechero dejaba en
nuestra puerta la leche en frascos de vidrio tapados con pequeños
cartoncitos, esta leche no requería hervir tanto, los frascos después
de lavados se lo devolvían al marchante. Posteriormente los frascos de
vidrio fueron sustituidos por envases de cartón parafinado con leche
pasteurizada.
La aparición de la leche en frascos marca la desaparición otro de los marchantes paisanos de mama: el lechero
Este hecho, coincide con la primera nevera que yo recuerdo. Papa le dio
una gran sorpresa a mama cuando se presento con este artefacto hasta
ese momento desconocido por nosotros, al principio ella no se mostro muy
contenta pues le parecía difícil llenarla debido a que la comida se
compraba diariamente, nosotros en cambio estábamos felices de poder
hacer heladitos todos los días
La nevera se le decía frigidaire
nombre que correspondía a una marca, mas adelante con la aparición de
otras marcas nos acostumbramos a usar el término nevera.
El frutero
otro marchante paisano de mama, tan pronto como pudo, sustituyo la
carreta y el burro por un camioncito movido por motor que le permitia
atender mejor a sus clientes
Papa mantuvo su costumbre de sumarse a
los avances de todo aquello que contrbuyera a facilitar el trabajo
domestico, por esta razón compro en seguida que aparecieron, una
lavadora automática
Papa comisiono a mi hermano que todo lo
sabia a enseñarle a la familia como usar la lavadora, muy admirados
comprobamos como ese artefacto lavaba y hasta era capaz de secar la
ropa, fue todo un acontecimiento. Mama boto la plancha de zinc donde
embostaba la ropa y la ponía al sol para que blanqueara, compro una
botella de lejía y comento que de ahora en adelante se reiría de las
manchas.
Los marchantes nunca desaparecieron para mama, ella siguió
utilizando el término para referirse a todas aquellas personas a las
cuales les compraba algo, siempre pensamos que fue una manera de no
comprometerse a recordar sus nombres
Mireya de Olivares
jueves, 13 de junio de 2013
El secreto
El Secreto
Estábamos sentados alrededor de la mesa del comedor y mi abuela
comentó: ¡Parece que no lloverá hoy! Asómate y verás que el sol está muy
brillante. En ese momento oímos una música tan fuerte, que casi movía
la mesa y ella, comentó: ¡Ahora si nos acomodamos, los soldados del
cuartel van a usar la calle para sus desfiles! Corrimos hacia la puerta
de la calle; lo que observé me llenó de un
asombro que nunca había sentido antes. Una carroza blanca, muy blanca,
iniciaba un numeroso cortejo; por los vidrios de la carroza pude ver un
lecho forrado de una tela blanca. A cierta distancia de la carroza seis
hombres cargaban una caja blanca y larga, con una tapa cubierta de
flores también blancas. Los hombres vestían trajes de un negro lustroso;
el brillante sol de esa mañana al chocar con ellos desprendía una luz
muy fuerte que me hizo cerrar los ojos.
Un olor a jazmín salía de
la caja; se lo dije a mamá y ella me contestó: Las flores que están
sobre la caja son nardos y malabares. ¡Bueno, no importa! Me había
equivocado, pero el olor se parecía.
Detrás de la caja blanca y a
cierta distancia de ella, un grupo de músicos tocaban sus instrumentos.
El que iba adelante llevaba un enorme tambor que golpeaba con fuerza. No
sé por qué sentí mucha tristeza; cuando levanté la cabeza para mirar a
mamá ella tenía los ojos húmedos y le corrían dos lágrimas por sus
rosadas mejillas. ¿Qué pasa le pregunté? ¿Quién va en esa caja? Y ella
me respondió con voz temblorosa: Es Luisa, la joven tísica de la
esquina, y agregó, hermana del músico. El cortejo finalizaba con otro
grupo de hombres de diferentes edades vestidos de negro, gris o blanco;
algunos llevaban un brazalete negro sobre la manga que cubría uno de sus
brazos y sostenían coronas de flores entre sus manos, flores que se
esparcían formando una alfombra de varios colores sobre la calle. La
música se fue apagando poco a poco, la bella carroza después de recorrer
varias cuadras, desapareció de nuestra vista.
Me senté en el quicio
de la puerta, cerré los ojos y me acordé de Luisa. Mamá solía darme
unas monedas para comprar en la bodega de la esquina atendida por misia
María, una joven mujer muy dulce y cariñosa que después de atender los
pedidos de mamá, me regalaba unas galleticas coronadas con piquitos
dulces de diferentes colores. Un día al salir de la pulpería, se
entreabrió la ventana de la casa vecina y me llamaron: Ven, niñita, ven!
me acerqué y vi una joven muy pálida de ojos profundos y tristes, de
cabellos negros y lacios. Pegué un grito; creí que era un fantasma.
Ella, con dulzura, me dijo: No te asustes, por favor, y me preguntó;
¿Cómo te llamas? Le dije mi nombre, y ella alzó la voz para decirme: yo
me llamo Luisa. Me dio un ramito de uvas verdes que colocó al lado de
las galleticas y me hizo prometerle que guardaría en secreto lo que
había sucedido. Me provocó preguntarle ¿por qué?, pero no lo hice.
La escena se repitió varias veces, luego, por un tiempo largo, la
ventana no se volvió a abrir y yo me olvidé de Luisa, y resulta que
ahora ella estaba allí acostada en la caja blanca.
Permanecí no sé
cuánto tiempo sentada en el quicio de la puerta, cerré los ojos y de
pronto vi a Luisa, toda vestida de blanco; estaba menos pálida y una
corona de jazmines sujetaba sus cabellos, impidiendo que se taparan sus
hermosos ojos; atravesó los balaustres de la ventana y se sentó en el
medio de la calle, llevaba una pequeña cesta llena de racimos de uvas
verdes.
Me acerqué a Luisa. Luego aparecieron muchos niños que ella
atraía con su especial dulzura; comenzamos a cantar, con voces suaves
que parecían susurros. Luisa se levantó y danzó al compás de nuestros
cantos, todos danzamos y danzamos a su alrededor.
Luego, Luisa
desapareció y preguntamos: ¿Qué se hizo Luisa?, y alguien contestó: se
fue al cielo. Miramos todos hacia el cielo; yo vi nada absolutamente
nada, pero el olor a jazmín era más fuerte
que antes. ¡Niña, es
hora de almorzar! Abrí los ojos, recorrí con una mirada toda la calle;
no estaban los flores que cayeron de las coronas que sujetaban en sus
manos los hombres del cortejo. Me pregunté sin obtener respuesta: ¿Sería
que estaba soñando?
No podía comentarle a mamá lo que me había
pasado, pues ella descubriría el secreto que había prometido a Luisa no
revelar jamás.
Mireya de OLivares
Los 18 aviones
Quisiera
no darle importancia a las noticias emanadas del des gobierno de
NM,pero me preocupa que la ignorancia sea tan grande que, hoy ,por
ejemplo considere veraz que la oposicion compro 18 aviones de combate
para liquidar a NM y su combo
El absurdo ministro
No tenemos tiempo de digerir las noticias,estas nos inundan la mente y nos abruman
Pedimos un descanso,no tantos disparates,!por favor!
El recien nombrado "ministro de Educacion Superior" no recibió a los
representantes del personal obrero administrativo y docente de la
Universidades publicas nacionales que solicitaban un merecido ajuste
salarial
No hay real fueron los comentarios que se oyeron, pero el
que se apoderó de la presidencia por un asalto anunciado,alquilo 3 pisos
de un lujoso hotel en Montevideo para alojar a su comitiva de 50
personas incluyendo su chef particular
Las noticias llegan junto
con la sarta de disparates que sin ninguna pena repite el personaje y
el pueblo aturdido con los bolsillos vacios rumia su desventura
Los Nenúfares
Dejé aun lado la silueta incognita que me representaba en Facebook y escogi Los Nenúfares ,bellas plantas acuaticas Recorde un cuadro de C.Monet que me llamo mucha la atencion por su gran belleza espero que mi selecciòn le guste a algunas de mis amigas que me criticaron el uso de una silueta sin significado
De nuevo El Teatro Municipal
Despues
de mucho tiempo ,asisti recientemente a un espectacùlo en el Teatro
Municipal.No soy critica de arte ,me dispensan los conocedores de la
opera si la musica me atrajo de tal forma que no pude detallar las
limitaciones de la presentaciòn . La musica de Madame Butterfly
ejerce un dominio sobre nuestros sentimietos tal que apesar de lo
dramatico de la obra sali contenta de haber tenido la oportunidad de
asistir.
Deseo dejar constancia de la impecable organizaciòn,del
comportamiento del publico , del gran esfuerzo de los artistas y en
especial de la orquesta
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